Peña del Osar y Pozos del Sorbe.

Nos quedaron ganas de más el otro día cuando fuimos a Cantalojas. No sé qué tiene esta zona del Parque Natural de la Sierra Norte de Guadalajara que tanto nos atrae. Podría enumerar muchas cosas: lo solitaria que es, el encanto de sus pequeños pueblos negros, la inmensidad de sus paisajes… aunque desde luego lo que menos ayuda es la distancia a la que estamos.


Y aun así, allí estábamos otra vez, pegándonos otro madrugón para hacernos las más de dos horas de coche hasta Galve de Sorbe. Pero cuando intuyes que el día va a salir bueno, da igual madrugar.

La idea era aprovechar al máximo la jornada, así que desde casa preparé una mezcla de varias rutas que habíamos visto, entre ellas una del amigo Rafa que sube al Alto del Osar. Luego enlazamos con otros recorridos que pasan por las numerosas pozas y rincones del río Sorbe.

La primera parte transcurre por cómodas pistas que van ganando altura poco a poco hasta alcanzar el Alto del Osar. Aunque, curiosamente, gracias a la aplicación de mapas que hice, descubrí que en algunos mapas aparece como Alto del Losar. Y la verdad… me encaja bastante más.


La toponimia de Guadalajara está llena de “losares” y “lanchares”, lugares relacionados con piedra plana, así que no me extrañaría que con el tiempo esa L se hubiera perdido por el camino.

Desde arriba las vistas son espectaculares. Se abren los barrancos del río Sorbe y del Arroyo de la Hoz, el mismo que visitamos hace un par de semanas para ver el Pozo Negro y el Pozo Verde.
Al fondo creo distinguir el Pico del Lobo todavía con restos de nieve, y hacia el otro lado el Ocejón y el Santotis.

Y entonces llega la parte aventurera.
Decidimos bajar hacia el Sorbe por el arroyo de los Gamelleros. Aquí ya no hay sendero claro, así que toca improvisar un poco siguiendo el curso del agua. La bajada es fuerte, pero salvo por la vegetación no tiene demasiada complicación.



Cuando alcanzamos el río vemos que baja con bastante caudal y, en algunos tramos, bastante ancho. Sabemos que tarde o temprano tendremos que cruzarlo, aunque intuimos que ese no es el mejor punto.

Remontamos el Sorbe pegados a su margen derecha. En un paso tocó incluso mover unas piedras grandes para improvisar una pequeña pasarela y salvar un recodo del río.
Luego el caminar se vuelve más cómodo. Paramos varias veces a fotografiar mariposas, flores y esas orillas increíblemente verdes que tiene el río en primavera. Todo rebosa vida.

Finalmente llega el momento de cruzar el río. Nos quitamos las botas y buscamos una zona donde el agua no cubre demasiado ni baja con mucha fuerza. Lo hacemos sin problema y continuamos por la otra orilla.


Ahora seguimos caminando por la orilla contraria , nos topamos con una estupenda cas rural, tiene que ser una gozada pasar unos días allí. 

Cruzamos por un pequeño puente que da acceso a esta vivienda y dejamos la pista para ascender por el cauce del Arroyo de Valdecimbrio y ver el pozo sepultura, ya el nombre impone.Poco después dejamos la pista para remontar el Arroyo de Valdecimbrio y buscar el Pozo Sepultura. Solo el nombre ya impone un poco.
El rincón es precioso: un pequeño salto de agua encajado entre paredes de roca, escondido en un pasadizo húmedo y sombrío.

Un poco más arriba hay otro salto, aunque para acercarse toca andar con ojo porque las rocas mojadas resbalan muchísimo.

Para llegar al siguiente de los pozos, el Pozo Calderón, sí que hay que hacer bastante el cabra. Una fuerte subida primero y luego una bajada por pedrera nos dejan en otro rincón completamente salvaje, rodeado de vegetación cerrada y pinos.


El acceso está algo tomado por maleza y árboles caídos, lo que le da todavía más sensación de lugar perdido.
El Pozo Calderón aparece escondido entre la vegetación, encajado en un entorno muy cerrado y húmedo. Otra de esas marmitas de gigante tan características de esta zona, donde el agua ha ido modelando la roca durante siglos.
Había leído que alguna gente llega por el propio cauce del arroyo, pero el día que fuimos nosotros me pareció imposible: demasiado caudal y demasiada roca húmeda y traicionera.

Volvemos a la pista para continuar hacia la más famosa de todas: la Poza Lucía.
Para llegar a ella hay que bajar otra vez hasta el cauce del río, siempre rodeados de enormes formaciones rocosas que parecen auténticos murallones. Y allí aparece, posiblemente la poza más fotografiada de Galve de Sorbe. La caída de agua es preciosa, deslizándose por una pared de roca antes de remansarse en una gran cubeta circular de agua cristalina. Una auténtica marmita de gigante esculpida durante siglos por la erosión del agua sobre pizarras y cuarcitas.

Además, el lugar tiene su propia leyenda. Se cuenta que una joven llamada Lucía cayó —o quizá se arrojó por un desamor, según quién lo cuente— a las profundas aguas del pozo durante una crecida. Desde entonces el lugar lleva su nombre.

Seguimos caminando y nos encontramos con otra sorpresa que a Ana le hizo especial ilusión: un pequeño tramo de ribera plagado de Fritillaria lusitanica, también conocidas como tablero de damas o campanicas. El nombre del género, Fritillaria, viene del latín fritillus, el cubilete que se usaba para lanzar dados, probablemente por la forma acampanada y colgante de sus flores.


Pasamos junto a un antiguo molino y su caz para llegar al último rincón del día: el Pozo Mingón.

Muy diferente a la Poza Lucía. Aquí el agua no cae en vertical, sino que se desliza por una gran losa inclinada antes de terminar en la poza. Un rincón especialmente bonito y muy distinto visualmente.

Y casi sin darnos cuenta regresamos al coche dando por terminada una ruta preciosa y sorprendente. Durante todo el día vimos vida por todas partes: corzos, aves, mariposas, flores, árboles… No sé si será la primavera o lo poco transitada que está esta zona, pero tiene algo especial.

De vuelta todavía nos acercamos a La Huerce, y menudo acierto. Un pequeño pueblo negro absolutamente auténtico.


Paseamos por sus tranquilas calles mientras un vecino nos contaba cómo es la vida allí. En invierno apenas quedan ocho habitantes y las fiestas de agosto son el gran momento del año. El pueblo, colgado sobre el valle, parece vigilar el curso del Sorbe, con la iglesia de San Sebastián perfectamente integrada entre las casas de pizarra. Un sitio tranquilo y auténtico, de los que invitan a bajar el ritmo y disfrutar de las cosas simples.

Gracias Ana por acompañarme en estas locuras…



DATOS DE LA RUTA:
    
IBP:                                               60
Distancia total:                 19.09Km
Desnivel positivo:                  485m
Desnivel negativo:                 485m
Altitud máxima:                  1.548m
Altitud mínima:                   1.373m
Tiempo total:                    08h:08m
Dificultad:                               Difícil 





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